"Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace."
Santiago 1:25
El calvinismo, basándose en algunos textos bíblicos, afirma que Dios ha elegido a algunos –desde antes de la fundación del mundo- para estar en Su presencia en Su gloria (cielo) y a otros para estar en Su presencia en Su ira (infierno).
Si bien esta “bíblicamente” respaldada (hay textos que específicamente hablan de estar “predestinados” y de ser “elegidos”) pone en tela de duda varios de los atributos de Dios, principalmente: Su Justicia y Su Amor.
Pone en duda Su Justicia ya que al afirmar que “Dios ha elegido” se dice que “ha aceptado a algunos”, atribuyéndole acepción de personas. Además de que, aún en las leyes humanas y terrenas, es imposible atribuir culpabilidad a cualquiera que no hubiese tenido posibilidad de elegir por sí mismo; esto haría injusto a Dios por condenar a otros al castigo eterno, sin otorgarles la posibilidad de elegir.
En este punto llegamos al tema más escabroso de las disputas entre los calvinistas y arminianistas: “el libre albedrío”.
Según los calvinistas tal cosa como el “libre albedrío” o la capacidad del ser humano de elegir, no existe. Se fundamentan en la tesis de que si el ser humano está 100% echado a perder y sus pensamientos son de continuo solamente el mal, nunca les cruzará por la cabeza la idea de volverse a Dios, a menos de que sea Dios mismo quien se las implante de una manera sobrenatural.
Sin embargo, puesto que Dios ya intervino de manera sobrenatural en la historia de la humanidad –tanto que dividimos el tiempo “Antes” y “Después” de Cristo- es posible que esa “luz” los alumbre, dándoles la posibilidad de acercarse a ella –prestando atención a Su Palabra- por algo que todos tenemos y reconocemos: la curiosidad humana.
Al entrar al escenario la curiosidad del ser humano, éste puede elegir satisfacerla o no, prestando atención al mensaje de la Cruz o ignorándolo del todo. El predicador (quien lleva la Lámpara de la Palabra de Dios) en el poder del Espíritu Santo, viene a romper por un instante la rutina del ser humano; posibilitándolo a hacer un alto en el camino y preguntarse si le interesa o no descubrir la fuente de donde emana esta luz: Cristo.
Es imposible “escoger” cuando hay una única opción. Pero, al presentar la Luz de Cristo, inmediatamente tenemos dos opciones: las tinieblas o la luz, facultando a las personas a elegir lo uno o lo otro.
Está en el ser humano el escoger a Dios o el rechazarlo. Somos los únicos que podemos resistirnos a Sus designios (eso no quiere decir que Sus planes se verán frustrados por nuestra rebelión). La Biblia es clara al decir que Dios deseaba hacer algo con Su pueblo pero ellos no lo querían.
"¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!"
Mateo 23:37
"¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!"
Lucas 13:34
Sin embargo, esto no llegará a frustrar Sus planes con Israel y su restauración futura que se menciona en el libro de Ezequiel. De igual manera el plan o el propósito del ser humano es Glorificar a Dios, ya sea que nos rebelemos o que lo obedezcamos sumisamente, Él será glorificado: por unos al mostrar su Gracia, Misericordia y Benevolencia (con aquellos que han decidido volverse de sus malos caminos y por voluntad propia tomarle como el Señor de sus vidas) y por otros al mostrar Su Justicia e Ira.
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