Porque tan solo la idea de un camino angosto supone que se debe dejar a lo largo de él todo aquello que nos estorbe para avanzar en nuestro andar.
Muchas veces se trata de privarnos de lo que nos agrada, aquello con lo que nos sentimos cómodos y seguros; otras veces debemos caminar en "solitario" porque no hay lugar para la compañía de un hermano; otras muchas debemos alijerar nuestra carga, despojándonos de todo peso y del pecado que nos asedia, poniendo los ojos en Cristo nuestro Señor.
Por medio del camino angosto aprendemos a depender únicamente de Él, porque es nuestra meta (llegando a ser conformados a la imagen de un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo) no anhelaremos nada más; incluso todo lo que dejamos atrás lo llegamos a estimar como prédida por ganar a Cristo. Por ello Pablo escribió:
"Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús."
Filipenses 3:13-14
Sí; es un camino angosto, duro muchas veces y exigente siempre, pero nos lleva a nuestro Señor.
"Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan."
Mateo 7:13-14